
Esto lo encontré en la red, son datos y mas datos, pero quien mas sabe lo que realmente pasa en un centro penitenciario, si no los que tenemos la desgracia de vivir un infierno como este con algún ser querido, espero sus opiniones.
Las discretas razones
En Latinoamérica, entre 1994 y 2002, México ocupó el segundo lugar en mantener personas tras las rejas. Sólo se encontraba por debajo de Brasil, con 139 mil 707 reclusos, el 1.4 por ciento de cada mil habitantes. Más del 50 por ciento de esta población fue condenada por haber cometido delitos patrimoniales, en un rango de edad entre los 21 y 30 años. El 43.3 por ciento son hombres, mientras que el 34.2 por ciento, mujeres, indican cifras de la Dirección General de Prevención y Readaptación Social del Distrito Federal.
En el mismo periodo, el índice de quejas por presunción de violación a los derechos humanos fue de 5 mil 72 quejas, el 62 por ciento del total. En el Distrito Federal, el Reclusorio Oriente ocupa el segundo lugar, con mil 84 incidentes; además, representa la situación más grave de hacinamiento con un índice de saturación por arriba de los 167 puntos.
La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal elaboró un análisis de las condiciones en que se encuentra el sistema penitenciario en la ciudad de México en el que se identifican pobreza, corrupción y violencia social y familiar. La Comisión recomendó: “La resignificación congruente con la democracia al concepto de readaptación, como el hecho de que las personas sancionadas con reclusión retornarán a la vida en libertad, por lo que el sistema penitenciario debe ofrecer a los internos una experiencia de seguridad jurídica, legalidad, vida digna y ética social, cuyo respeto a la ley es un principio fundamental”.
A cinco años, en 2007 los resultados no son satisfactorios. Por el contrario, empeoran debido al incremento del hacinamiento, la falta de espacios, la nula asignación de presupuestos y la falta de políticas públicas de sensibilización.
El diputado Juan Bustos Pascual, presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, reconoce que hay un sistema de procuración de justicia “muy atrasado y rezagado”. No se cumple con la rehabilitación, sino que no se reintegra a la sociedad ni readapta jóvenes ni adultos. Aduce que “si no hay cultura en el exterior, menos al interior de reclusorios”.
Acerca del proyecto del gobierno capitalino de construcción de dos centros más en la ciudad de México, el asambleísta señala que la construcción de espacios no es en sí misma la solución al conflicto, sino el contar con auténticos y efectivos programas de readaptación en los que se profesionalice la educación, la capacitación artística y técnica. “Se necesita potenciar este tipo de programas y asignar más recursos”, señala.
Debido al hacinamiento en las cárceles del Distrito Federal, la atención a los derechos humanos se encuentra en situación delicada y “muy mal”. Y es que “las cárceles están llenas de gente pobre y no vemos a gente rica, porque ésa tiene la capacidad de comprar la justicia”. Respecto a la disminución de las sanciones a delitos menores, el legislador evalúa la necesidad de considerar otros mecanismos para su cumplimiento: el trabajo social y comunitario.
En 2007, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) califica a nivel nacional el respeto a los derechos humanos con 5.9 puntos. Al respecto, Andrés Calero, tercer visitador, subraya la importancia de garantizar el derecho a la cultura y el desarrollo de actividades artísticas, productivas y educativas en los centros de reclusión. “No es una simple observación. Se basa en tres puntos: autoridades, internos y la visión de las organizaciones de derechos humanos”.
Conforme a la evaluación de la CNDH, la sobrepoblación alcanzó el 30 por ciento a nivel nacional; pero en la Ciudad de México, creció en más de 170 puntos. “La sobrepoblación –en cárceles del Distrito Federal– arroja todas las deficiencias de estancia, alimentación, promoción de actividades, y se empieza a generar todo el círculo de corrupción. ¿Qué debe hacerse, continuar llenando las cárceles?”.
Para esta evaluación, la CNDH tomó en consideración las observaciones de la ONU que son parte del catálogo y las reglas mínimas para la reclusión. “Son la base de defensa de los derechos fundamentales de las personas privadas de la libertad”, agrega el tercer visitador.
Respecto a la falta de programas de capacitación para el trabajo, la educación y las artes, el comisionado de la CNDH adjudica esta deficiencia a que “hay muchos rezagos en el sistema penitenciario nacional, y ése es uno de tantos. Mientras haya sobrepoblación en los niveles que existen es imposible”.
Reconoce que el fomento de programas de integración a través de la cultura es un elemento importante para la inserción social. “La prisión debe tener una finalidad y debemos fomentarla”, admite. (AM)
Las discretas razones
En Latinoamérica, entre 1994 y 2002, México ocupó el segundo lugar en mantener personas tras las rejas. Sólo se encontraba por debajo de Brasil, con 139 mil 707 reclusos, el 1.4 por ciento de cada mil habitantes. Más del 50 por ciento de esta población fue condenada por haber cometido delitos patrimoniales, en un rango de edad entre los 21 y 30 años. El 43.3 por ciento son hombres, mientras que el 34.2 por ciento, mujeres, indican cifras de la Dirección General de Prevención y Readaptación Social del Distrito Federal.
En el mismo periodo, el índice de quejas por presunción de violación a los derechos humanos fue de 5 mil 72 quejas, el 62 por ciento del total. En el Distrito Federal, el Reclusorio Oriente ocupa el segundo lugar, con mil 84 incidentes; además, representa la situación más grave de hacinamiento con un índice de saturación por arriba de los 167 puntos.
La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal elaboró un análisis de las condiciones en que se encuentra el sistema penitenciario en la ciudad de México en el que se identifican pobreza, corrupción y violencia social y familiar. La Comisión recomendó: “La resignificación congruente con la democracia al concepto de readaptación, como el hecho de que las personas sancionadas con reclusión retornarán a la vida en libertad, por lo que el sistema penitenciario debe ofrecer a los internos una experiencia de seguridad jurídica, legalidad, vida digna y ética social, cuyo respeto a la ley es un principio fundamental”.
A cinco años, en 2007 los resultados no son satisfactorios. Por el contrario, empeoran debido al incremento del hacinamiento, la falta de espacios, la nula asignación de presupuestos y la falta de políticas públicas de sensibilización.
El diputado Juan Bustos Pascual, presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, reconoce que hay un sistema de procuración de justicia “muy atrasado y rezagado”. No se cumple con la rehabilitación, sino que no se reintegra a la sociedad ni readapta jóvenes ni adultos. Aduce que “si no hay cultura en el exterior, menos al interior de reclusorios”.
Acerca del proyecto del gobierno capitalino de construcción de dos centros más en la ciudad de México, el asambleísta señala que la construcción de espacios no es en sí misma la solución al conflicto, sino el contar con auténticos y efectivos programas de readaptación en los que se profesionalice la educación, la capacitación artística y técnica. “Se necesita potenciar este tipo de programas y asignar más recursos”, señala.
Debido al hacinamiento en las cárceles del Distrito Federal, la atención a los derechos humanos se encuentra en situación delicada y “muy mal”. Y es que “las cárceles están llenas de gente pobre y no vemos a gente rica, porque ésa tiene la capacidad de comprar la justicia”. Respecto a la disminución de las sanciones a delitos menores, el legislador evalúa la necesidad de considerar otros mecanismos para su cumplimiento: el trabajo social y comunitario.
En 2007, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) califica a nivel nacional el respeto a los derechos humanos con 5.9 puntos. Al respecto, Andrés Calero, tercer visitador, subraya la importancia de garantizar el derecho a la cultura y el desarrollo de actividades artísticas, productivas y educativas en los centros de reclusión. “No es una simple observación. Se basa en tres puntos: autoridades, internos y la visión de las organizaciones de derechos humanos”.
Conforme a la evaluación de la CNDH, la sobrepoblación alcanzó el 30 por ciento a nivel nacional; pero en la Ciudad de México, creció en más de 170 puntos. “La sobrepoblación –en cárceles del Distrito Federal– arroja todas las deficiencias de estancia, alimentación, promoción de actividades, y se empieza a generar todo el círculo de corrupción. ¿Qué debe hacerse, continuar llenando las cárceles?”.
Para esta evaluación, la CNDH tomó en consideración las observaciones de la ONU que son parte del catálogo y las reglas mínimas para la reclusión. “Son la base de defensa de los derechos fundamentales de las personas privadas de la libertad”, agrega el tercer visitador.
Respecto a la falta de programas de capacitación para el trabajo, la educación y las artes, el comisionado de la CNDH adjudica esta deficiencia a que “hay muchos rezagos en el sistema penitenciario nacional, y ése es uno de tantos. Mientras haya sobrepoblación en los niveles que existen es imposible”.
Reconoce que el fomento de programas de integración a través de la cultura es un elemento importante para la inserción social. “La prisión debe tener una finalidad y debemos fomentarla”, admite. (AM)
REFERENCIA
http://www.contralinea.com.mx/archivo/2008/enero/datos/cultura-tras-rejas.htm
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